jueves, 14 de junio de 2018

Patriotismo

Con la crisis de Cataluña, los éxitos deportivos siempre inevitables y ciertos partidos envolviéndose en la bandera de una de las formas más cínicas e hipócritas que conozco, es inevitable que ahora surja en la calle una palabrita de esas que se ponen de moda, pero que me parece a mi que usamos en vano, y que da título a este artículo: patriotismo.

El patriotismo es siempre una cosa muy delicada. Suele ser elemento de envidia entre determinados españoles, que ven como países como Estados Unidos, Francia o el Reino Unido llevan a cabo exuberantes demostraciones de patriotismo sacando su bandera a relucir o cantando su himno nacional a todo trapo sin prácticamente excusa alguna. Y estos mismos son los que rechinan los dientes añorando que alguna vez puedan pasear su patriotismo (¿o debería decir chovinismo?) por España. Como si en España no se pudiera sacar la rojigualda libre. Igual que se puede sacar la estelada o la ikurriña ¿verdad?

La cuestión ya no es las diferencias de sentimientos nacionales que se tenga en cada país - ya aseguro yo a esos que solo ven españoles que España no es el país con menos patriotismo del mundo - sino lo que 70 perniciosos años han dado a entender lo que es ser patriota en este país. Por desgracia no hemos superado la Formación del Espíritu Nacional en absoluto. En la derecha, y en muchos españoles, sigue primando ese sentimiento acrítico, de que España es un fin en si mismo, es la cacareada unidad de destino del franquismo, la atemporalidad de la patria. No. 

Los tiempos han cambiado. Las necesidades. La gente. Hay quien atribuye a los años del gobierno del PSOE el desmontaje de un Espiritu Nacional que colocaba al país como supremo interés. Y en esto, sigue notandose que aunque ya no se diga con la crudeza con la que se decía durante el franquismo, una idea subyacente, y temo que profundamente imbricada en el subconsciente político de una parte importante de la población, es que "los buenos" siguen siendo los patriotas derechistas y "los malos" la izquierda federalista e internacionalista. A los que solo ven españoles, tengo que darles otra mala noticia: no, no hemos cerrado ese episodio de nuestra historia, y viendo "solo españoles" no contribuyen en nada a cerrarlo.

Como les decía, 40 años de franquismo nacional-católico y otros 40 años de ley del silencio han acabado por dejar un sustrato de idea de lo que es el patriotismo que está muy metida en el subconsciente popular. Quizá se han modificado los discursos, ahora algo más mesurados y racionales que aquellas algaradas de tono militarista y arrebatado del franquismo. Pero la idea que subyace es exactamente la misma: España es la bandera, el himno, el crucifijo, las tradiciones y la unidad territorial, la "unidad de destino en lo universal". Alguien dijo: "Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado". Cambien "Estado" por "España" y no varía para nada. Si no saben quien lo dijo ahí tienen Internet. Busquenlo.

Pero en el mundo del siglo XXI una patria no se construye con una bandera, un himno y unas tradiciones, aun cuando nos lo repitamos hasta creernoslo. Una patria no puede ser nada absolutamente sin su pueblo. Las patrias las formamos personas, cada una de nosotras diferente de las restantes. Y esa es la parte que nuestro patriotismo de capilla cuartelera no entiende. O no le da la gana entender.

Por que no: un trapito alegre de colorines, una fanfarria de banda de pueblo, no es suficiente para hacer patria. Eso no hace patria. La patria la hacen las ideas. Un proyecto conjunto pero de todos, no solo de la mitad que a los que mandan les conviene.
Una patria se hace con una educación digna para todo el mundo, accesible, plural, de calidad y que otorgue igualdad y equidad a todas las personas.
Una patria se hace contribuyendo al esfuerzo común, pagando los impuestos y no rezongando cada vez que tenemos que ser todos solidarios.
Una patria se hace reconociendo que somos diversos. Se hace pagando por su trabajo lo mismo a hombres y mujeres. Se hace no discriminando a la gente por su aspecto.
Una patria se hace respetando las diferencias regionales, protegiendolas como parte de nuestra diversidad. No mandando policías a dar palos al grito de "¡A por ellos!"
Una patria se hace con una sanidad universal, de calidad, garantista y usada responsablemente por los ciudadanos.
Una patria se hace con una clase empresarial responsable y coherente, que no intente maximizar beneficios a coste cero y explotando a los productores que son los trabajadores.
Una patria se hace con una justicia que sea de verdad ecuánime y coherente, con unos legisladores que trabajen de forma eficiente. Una justicia que no condene a un rapero por expresar una opinión más controvertida mientras considera que forzar a una chica entre cinco tíos no es una violación.
Una patría se hace defendiendo al que menos tiene, dandoles techo y sustento, no echándoles de sus casas porque no pueden pagar una hipoteca por estar en el paro.
Una patria se hace valorando, respetando y protegiendo nuestro patrimonio natural, biológico y recursivo. No despilfarrando, contaminando, permitiendo incendios provocados, privatizando el agua o pagando millonadas por bombas ecológicas como el Castor.
Una patria se hace, finalmente, respetando de verdad las instituciones y la Constitución. No defenestrandola cuando no conviene e invocándola cuando conviene.

Y se podrían poner muchos más ejemplos de lo que es un patriotismo de verdad. Lo otro, vuelvo a repetirlo es folklore y barullo. En España no hay gente que quiera acabar con España, señores patriotas chovinistas. Hay gente que simplemente no puede ser patriota porque no estamos contentos con el país que tenemos. Y cuando nos movilizamos para lograr un país mejor ustedes nos dicen que estamos acabando con él. Solo porque no encajamos en su idea de país. Que pena, porque ustedes si encajan en la mía.

Así que les propongo una idea nueva y maravillosa: mediten. Reflexionen. Piensen de verdad en su idea de país. En un proyecto que nos incluya a todos. En un proyecto que nos convierta ante todo y sobre todo en un país mejor. Construyamos entre todos este proyecto nacional, este edificio. Y cuando lo tengamos será cuando lo coronemos con la bandera y le toquemos un himno que nos emocione. Pero solo entonces. Sino, es lo mismo de siempre: un trapo ondeando sobre un montón de escombros al son de una marcha casi fúnebre. Como en 1939.

Hasta entonces, lo siento pero así se lo digo: no, no soy patriota. Y no quiero esta España.


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