lunes, 2 de octubre de 2017

Un sentimiento sobre el 1-O

Hoy ha sido 1 de octubre. Ni os tengo que decir que ha pasado hoy aquí (y donde pone "aquí" rellenad con el país del que más cerca os sintáis). Hoy una parte de lxs ciudadaxs españolxs, aquellos que se llaman catalanes, estaban convocados a opinar sobre su futuro. Vaya, que querían votar su independencia...

Y os lo voy a decir así sin anestesia... si, iban a votar su independencia en un referendum ILEGAL. Pero no es un referendum ilegal porque lo diga una puta ley orgánica olvidada, o porque lo diga una Constitución que... 1. solo aplicamos cuando interesa y 2. yo no he votado. Es ilegal porque para preguntar al pueblo, a tu pueblo, tienes que hacer un referendum con garantías legales. No que un pirado pueda votar cuatro veces y encima se pavonee de ello en Twitter. Un referendum con un censo, un orden y unas condiciones dignas de voto. Así que lo ÚNICO en lo que coincidiré en mi vida con Rajoy es en que el referendum de ayer fue una mascarada. Lo siento indepes, pero lo fue y lo sabéis.

Dicho esto, creo firmemente en la democracia participativa. Creo sinceramente que nunca puede ser perseguido el hecho de que el pueblo quiera expresarse en las urnas. La grandeza de este sistema de pseudolibertades que nos hemos dado es precisamente que podamos decidirlo todo (lo que pasa es que no quieren que lo hagamos así, no sea que al pueblo nos dé por empezar a pensar, el horror de cualquier cacique político). Lo he defendido a capa y espada y seguiré defendiendolo: este referendum debería haberse celebrado, pero no lo tendría que haber montado el Govern de la Generalitat, sino el Gobierno Central, con los instrumentos legales a su alcance, cumpliendo lo que es un clamor popular: indepes, antiindepes, procesistas, españolistas... Que todo el mundo exprese su opinión. Así es como se construyen las más grandes democracias.

Pero no. Para que. Pedirle a un partido fundado, formado y dirigido por neofranquistas que interiorice las normas democráticas es demasiado pedir. Unos se pasaron de listos montando un referendum ilegal, y los otros decidieron ser más animales aun: desplegaron a 10.000 agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil a los que soltaron (a los animales de presa se les suelta, no se les envía) a dar hostiazos a diestro y siniestro contra los peligrosos sediciosos: abuelitas de 80 años, adolescentes y tranquilos ciudadanos que querían votar NO a la independencia... pero ejerciendo su derecho a expresarse. Bueno, se puede entender por los referentes directos que tienen: ¿Franco acaso no soltó a 3.000 legionarios en Badajoz en 1936?. Y ya sabemos como acabó aquello, y si no lo saben, infórmate que ya clama al cielo. Si, los de esa calaña saben de sobra como proceder cuando algo no les gusta, y frecuentemente corre la sangre de todas formas.

Y es aquí cuando cesa mi análisis, queridxs. Es aquí cuando me gustaría poder seguir haciendo una crítica fundamentada en datos. Pero como casi todo lo que tiene que ver con banderas y terrenos, son temas demasiado emocionales. Demasiado vividos.

No soy españolista ni me siento especialmente español. Me siento más castellano que español. Y más madrileño que castellano. Pero no hago una bandera de ello. Si, tengo un pendón comunero en mi casa. Y también una bandera republicana. Y una ikurriña, aunque yo de vasco no tengo ni las pestañas. Mi gran acierto, con toda humildad, es que pienso que mi tierra, mi nación, mi patria y mi cultura no se construyen con un trapo de colores y un himno cutre. Pero si pienso que lo que hace nación, lo que hace patria y lo que hace identidad es la gente y los pueblos. Naci en Madrid y por eso me siento madrileño y por eso considero que mis compatriotas son lxs madrileñxs. Y cada día, con mi actividad política y social trato de hacer Madrid un lugar un poquito mejor. Trato de mejorar mi entorno y mi sociedad. En definitiva trato de hacer país, trato de cohesionar mi pueblo y mi sociedad. Y trato de hacerlo desde el único sitio que sé: en la calle, desde abajo y con los míos. Siempre sin descartar asaltar las instituciones para ponerlas al servicio de la gente. Pero por ahora, aquí es donde está mi lucha.

Y luchando por Madrid, sé que lucho por Castilla. Y sé que luchando por Castilla lucho por esa entelequia llamada España. Pero no por la bandera madrileña, ni por el pendón castellano que tan orgulloso ondeo. Ni muchísimo menos por la rojigualda ni la tricolor. Lucho por mi gente, por los que estamos llamados a hacer la verdadera nación. Los proyectos nacionales no los hacen Constituciones, ni Procéses, ni banderas ni himnos. Todo eso es folklore y es farandula. Las naciones y las patrias las hacemos todos contribuyendo a crear una sociedad mejor, en la que no nos olvidemos de nadie, en crear realmente una Arcadia ideal, tratando de ser justxs y solidarixs con todos, sin pensar en si es rico o pobre, madrileño o catalán, negro o blanco, hetero o gay o lesbi, de izquierdas o de derechas... Los únicos proyectos nacionales que pueden triunfar son aquellos en los que se embarca a todo el mundo, no solo a la parte de la población que más simpatiza con el poder.

Por eso ayer, cuando veía, como tanta gente de este país, que unas malas bestias uniformadas la emprendían a palos contra unos ciudadanos desarmados, que no les oponían ninguna resistencia, sentí indignación, sentí ira y mucha, muchisima rabia. Pero lo que sentí sobre todo es una amargura increíble. Sentía que cada uno de esos porrazos era un porrazo contra todo aquello en lo que creo y que os he intentado transmitir aquí. Cada uno de esos porrazos era un golpe contra un ciudadano que solo quería opinar. Era un porrazo contra Cataluña, contra una tierra de más de mil años de historia y que de una forma u otra ha sido compañera de destinos, infortunios y fortunas de mi amada Castilla. Era un porrazo contra un pacto mucho más sagrado y solemne que ninguna COnstitución. Era un porrazo contra las oportunidades de hablar. Era un porrazo contra todo lo democrático que puede existir aquí en este país. Y si, lo voy a decir: era un porrazo contra España.

Porque si alguna vez existió una oportunidad para que castellanos, catalanes, andaluces, vascos, aragoneses, gallegos, asturianos... pudiésemos tener un proyecto nacional común, ayer lo dejaron en coma profundo, y la verdad dudo mucho que alguna vez podamos llegar a despertarlo. Los mismos que ayer ladraban todo su odio en las plazas de media España dandole vivas a la unidad de España son los que han hecho los más terribles desgarrones en ella. Los que justificaban esa violencia fratricida han hecho más que nadie por romper España, y consiguieron que incluso aquellos que como yo no queríamos la independencia de Cataluña nos convenciéramos de que debía ganar el "Si".

Si, creo que aquí cabemos todos. Creo que todos, sin excepciones, teníamos la oportunidad de crear algo juntos. Que quizá no se llamase España. Que quizás no fuera una monarquía. O quizás si. Quien sabe. Había espacio para la esperanza. Había espacio para que españolistas y antiespañolistas, monarquicos y republicanos, izquierdistas y derechistas, federalistas y centralistas a partes iguales, para que todos lanzásemos un proyecto, un debate a escala nacional de que hacer con ese solar. Y para contraponer ideas y debatirlas, y lanzarnos a la elaboración de un proceso constituyente que elaborase un proyecto nacional común. Y si a pesar de todo hay quienes no quieren estar, ¿quienes somos para obligarles a ello? Pero al menos, lo hemos hablado, lo hemos debatido. Lo hemos intentado.

Pero Rajoy y Puigdemont no lo han intentado. Solo se han ladrado. Y han acabado lanzando a un ciudadano contra otro ciudadano. Han jugado a la guerra civil y están haciendo todo lo imposible para que esto no acabe bien. 80 años más tarde, volveremos a las trincheras, y ya veremos si los combates siguen siendo a golpe de tuit o van a más. en cualquier caso, como siempre, los muertos y heridos, la sangre, la ira, el miedo, la preocupación... la ponemos los ciudadanos. Los que si queremos hablar, los que si queremos negociar, los que si queremos votar. Y que sobre sus cabezas caiga la conciencia (si es que les queda alguna a estas alturas) de haber dividido a sus pueblos y de haber lanzado al hermano contra el hermano.

He oído muchas acusaciones de traición por uno y otro lado. Los únicos traidores son quienes nos dividen, y quienes enfrentan a catalán con catalán, a español con español. Y yo no pienso perdonarles. Ni perdonar ni muchísimo menos olvidar. Espero que TODOS los catalanes y TODOS los que no somos catalanes se lo hagamos pagar muy caro alguna vez. ¡Sucios traidores!

Mucha fuerza Catalunya!!! Forza i seny!!! Jo t'estimo!!!