lunes, 15 de mayo de 2017

¿"Not All..."? En efecto, "not all..."

Supongo que a ningunx se os escapa que en la actualidad hay un debate muy fuerte en la calle sobre el tema del género. Esta llamada como "tercera ola del feminismo" esta obligándonos a muchxs a replantearnos las visiones tradicionales que teníamos sobre esta cuestión, y aun más allá. Ya no es solo el que, como hombres, sintamos que esta sensibilidad hacia el género obligue a replantearnos las masculinidades, sino que es un tipo de análisis sociopolítico que afecta a amplias lecturas del conflicto social que teníamos hasta ahora.

Por supuesto, no vamos a ignorar la naturaleza marxista de este debate, en el que se plantean grupos opresores y grupos oprimidos que se relacionan de forma conflictiva. El ser conscientes de la existencia de estos conflictos (a los que simplemente antes se ignoraba) obliga forzosamente a reformularnos en nuestros elementos. Sin embargo, al menos desde un análisis puramente lógico de la situación y en el que no se aplican formulas filosóficas e ideológicas más construidas, voy llegando a la conclusión de que esta forma de elaborar el debate trae implicita su propia debilidad y lo que es peor, su caída en una total falacia.

Bien, empezamos por la conclusión para diseccionar: soy un hombre cis, blanco, sin discapacidades físicas o mentales y madrileño (pero no heterosexual, esa sería la única opresión que, al menos en principio, sufro). Bien, partiendo del análisis que ahora mismo el feminismo marxista está logrando imponer, soy lo más parecido a un fascista que puede haber (salvo que fuera heterosexual y derechista de verdad). Lxs más profanxs os preguntaréis, ¿pero como dices que eres un fascista? Vale, os lo trituraré un poco más, venga...
  • Por ser hombre (independientemente de todo lo demás) soy potencial machista y maltratador y potencial amenaza de opresión contra toda aquella persona que se identifique mujer o no binaria.
  • Por ser cisexual soy potencialmente transfobo.
  • Por ser blanco, soy potencialmente racista y xenófobo y tengo la posibilidad de ejercer una posición abiertamente opresiva contra todo aquello que no sea blanco o español (sic).
  • Por no ser discapacitado, potencialmente puedo incurrir en formas de discriminación, humillación o vulneración de la dignidad hacia personas con diversidades funcionales físicas, motoras o mentales.
  • Por ser madrileño, potencialmente puedo ejercer un centralismo que minusvalora o discrimina a otras personas no madrileñas habitantes del estado español.
Bien, ya tenemos formulado la relación de conflicto que tendría con una parte de la sociedad. Y seamos sensatxs: en un sentido estricto, todo esto es cierto. Por nuestra propia naturaleza humana, ningunx estamos libres de poder ejercer en un momento dado una situación opresiva contra alguien que no cumple un determinado aspecto social o que este entra en conflicto con el sistema cisheteropatriarcal vigente y que forma parte de la misma esencia de la sociedad, lo que igualmente hace tan complicada su abolición.

La aplicación de la teoría del feminismo marxista al estudio de estas relaciones de conflicto establece precisamente esta potencialidad, y sinceramente creo que en esta misma situación de potencialidad que tiene una persona de ser opresor es la principal debilidad de aquellxs que quieren una transformación social que derribe radicalmente el cisheteropatriarcado. ¿Y esto porqué? Pues porque para empezar esto supone aceptar una relación de conflicto. O recurriendo a la filosofía hegeliana: que haya una tesis y una antítesis que pugnen por imponerse. Forzosamente una imposición (independientemente de cual sea la que se impone) llevará inevitable a generar una nueva opresión.

¿Quiere decir esto que me uno al carro de los cuñados que sugieren que el feminismo pretende sustituir el cisheteropatriarcado para transformarlo en un transhomomatriarcado? (por usar la antítesis de nuevo). Rotundamente NO. Como mucho estaríamos hablando de una situación utópica y puramente teórica. Por desgracia, el cishomopatriarcado está tan imbricado en la misma sustancia civilizatoria de la raza humana - excluyendo unos escasos grupos humanos que se destacan, precisamente, por su fuerte aislamiento -  que a lo más que puede aspirar hoy día el feminismo es a atemperar o como mucho desactivar estos efectos nocivos del cisheteropatriarcado. Siento ser tan agorero, pero la opinión es libre (o eso creo)...

Bien, sigamos adelante con esto.
La formula que el feminismo ha sugerido para acabar de forma más o menos pacifica con esta situación de opresión ha sido los procesos de reflexión internos de cada persona, y que estarían encaminados más o menos a: identificar estos comportamientos opresivos y discriminatorios (muchas veces señalados por lxs propixs afectadxs), emprender un proceso de interiorización del error, elaborar una solución y aplicarla en la vida diaria, con el fin de eliminar esta situación de conflicto potencial. De esta forma, se iría logrando una paulatina transformación social que lleva a la superación de la opresión. Todo esto, sin embargo, esta muy bien como teoría. Pero la práctica, por desgracia, es muy distinta.

Y aquí es cuando empiezo a recibir las ostias:
Lo siento, pero aquellxs que defendéis este tipo de procedimiento sois víctimas de vuestra propia naturaleza humana, además de adoptar de forma automática una posición defensiva y conflictiva que dificulta el proceso de elaboración de la síntesis, que es necesariamente la forma de superar la tesis y la antítesis. Al establecer que todo ser humano es "potencialmente opresor" se está negando de forma falaz la propia posibilidad de que se logre esa transformación social que supere las opresiones. ¿Por qué? Porque en tanto seres humanos imperfectos que somos, siempre acabaremos generando situaciones de subordinación de unxs sobre otrxs. Hoy es el género, la riqueza o la raza. Mañana puede ser simplemente por ser más rubio o más moreno, o por cualquier otra faceta de la enorme diversidad humana. Volviendo a la filosofía, Hobbes lo dijo muy claramente: "el hombre es un lobo para el hombre".

Pero ya no es solo esto. Que va. Es el hecho de que si una persona "opresora" trata de demostrar su proceso de deconstrucción personal de aquellos elementos que resultan opresivos hacia los colectivos que le reclaman esa revisión, por ejemplo un hombre que trata de apoyar el movimiento feminista y por tanto niega la mayor de que se considere "maltratador", se le critica desde determinados sectores de este movimiento asegurando de que el mismo hecho de negar la potencialidad de ser maltratador (intercambiable por transfobo, racista, etc.) demuestra que se es maltratador, racista, etc... O sea, que aquellas personas que el taimado sistema nos sitúa como predominantes seremos opresores aunque nos traguemos todos los escritos feministas marxistas y adoptemos hasta la última coma de lo queer en nuestro posicionamiento. En resumidas cuentas: hemos caído en un conflicto cíclico, en el que la superación del conflicto por una parte genera en si un conflicto nuevo. Tesis y antítesis en choque permanente.

Dejemos claro algo: no me estoy vindicando ante nadie con esto. Soy el primero que acepto mis potencialidades como opresor, y asumo que ni estoy ni posiblemente nunca estaré en disposición de situarme por encima de estas opresiones - ni, como he expuesto, resulta posible que alguna vez se me vaya a dejar colocarme por encima de estas. Sin embargo, si creo que de nada sirve caer en esta relación permanente de conflicto. He emprendido y sigo en mi proceso de deconstrucción, y revisaré toda actitud que se me señale como opresiva, por supuesto. Pero esto no quiere decir que renuncie completamente a la capacidad de análisis propio para asumir planteamientos no discurridos sino asumidos como axiomas universales. Aun siendo una absoluta minoría, empiezo a observar casos de personas que aprovechan sus propias situaciones de opresión para a su vez convertirse en opresores. Sin entrar en detalles personales que tampoco a nadie interesan, pero he visto a abnegadas defensoras del feminismo más duro y radical adoptar posiciones profundamente machistas con, por ejemplo, mujeres transexuales. He visto a cretinos feministas - hombres cis, por cierto - dar encendidos speechs sobre la necesidad de deconstruirse y exhibiendo públicamente su "deconstrucción" mientras luego comparten fotos de mujeres desnudas en sus redes sociales. He sufrido a personas acusarme de racista o de xenófobo cuando la palabras "gachupino", "chinorri", "moro" están en su vocabulario o ser permiten el lujo de insultar a toda una región solo porque se ha encontrado a tres bocazas que insultaban a la suya.

Si este blog estuviera en OKDiario estaría hablando de la "corrección política" y de "la dictadura del género". Si, no cabe duda que nos estamos autoimponiendo una corrección política que, en el fondo, no nos creemos ningunx. Dentro de los círculos feministas y LGTBIQ estamos erigiendo formulas de censura y de autocensura, matándonos muchas veces en discusiones teóricas inacabables o incluso dando vueltas en torno a un concepto hasta desgastarlo. Mientras, el impacto transformador es nulo: las actitudes machistas menudean por las redes, las agresiones LGTBIfóbicas se multiplican tanto en número como en visibilidad y la extrema derecha racista y xenófoba campa por sus respetos en media Europa. En definitiva, no solo no hemos avanzado nada, sino que estamos retrocediendo. Eso si, mientras la policía de la corrección política tenga un perfil de Twitter para andar haciendo caza y señalando a potenciales y anónimos "opresores", la lucha seguirá viva. O por decirlo de otra forma: quienes lean este artículo seguramente no perderán ocasión de desatar una auténtica razzia contra mi y llamarme todas las cosas imaginables. Mientras tanto, Álvaro Ojeda seguirá vomitando machismo, racismo, clasismo y capacitismo en su canal de YouTube, donde le verán 1000 veces más personas de las que leerán el artículo feminista más leído de la prensa española.

Ante esto, solo cabe romper con ello. El conflicto continuo me cansa. No cabe duda que seguiré luchando, pero lo haré como creo que lo tengo que hacer, y desde luego prestando oído a aquellas personas que pretenden una transformación social cambiando lo más importante: las personas. Cada unx de nosotrxs somos un campo de batalla político, así que si vuestras armas son la argumentación y la contraposición de tesis y antítesis para alcanzar la síntesis, os haré caso por completo. Pero la imposición no ha funcionado ni funciona conmigo. Así que si, haré muchos "not all men", seguramente. Pero quienes de verdad tengáis ganas de luchar esta batalla política, sabréis invertirlo y llegar a la síntesis. Quienes no, pues ni me molestaré en luchar.

Y ahora, que comience la carnicería. Se despide el cuñado machista opresor.

viernes, 12 de mayo de 2017

Ask, Tell. No te calles por miedo

Hola a todxs!!
Perdonad, ya se que estabáis sufriendo porque os he dejado nada menos que dos semanas sin entradas. ¡Que dos semanas más felices han sido! ¿Verdad?
Pero no, lo siento. Toda felicidad viene a tocar a su fin, y quiero rayaros (un poco más) la cabeza con un tema que surgía en un grupo de Whatsapp que tengo con mis amiguetes de juegos de mesa, donde todos, hasta donde puedo imaginar, somos gays.

La cosa es que hablando así de forma ligera, uno de los participantes decía que él no se siente para nada parte de la llamada "comunidad" gay. Bien, es una opinión. No voy a debatir aquí sobre la existencia o no de esa "comunidad" gay, con la que dicho de paso tampoco siento una conexión tan fuerte, pese a estar en el activismo.

Por donde quiero orientar esta entrada hoy es más bien sobre la propia identidad del gay. Pero antes de meterme en harina, quiero hacer una precisión de porque vuelvo a referirme solo a gays. Bueno, es muy sencillo: porque es de lo que puedo hablar con conocimiento de causa. Me parece bastante absurdo ponerme a tratar de meterme en la piel de una lesbiana, de una persona bisexual o de una persona transexual, simplemente porque no me siento parte de ninguna de esas tres etiquetas. Si queréis saberlo, quizás deberíais preguntarles a ellxs y no esperar que cometa la arrogancia de erigirme como portavoz de todxs las personas LGTBI, ¿no?

Bien, una vez precisado esto, vamos a la harina. O sea, a afirmaros a todxs, sobre todo a lxs heteros que leáis esto, porque opino que más allá de sentirnos parte de algún tipo de comunidad, creo que los gays tenemos la necesidad de identificarnos así. De generar, digamoslo, esta identidad gay.

Una de las críticas más frecuentes, y aunque parezca mentira, de las más dolorosas, que se puede hacer contra un gay es decirle aquello de "¿Porque tienes la necesidad de irle diciendo a todo el mundo que eres gay?". O sea, porque los gays tenemos que ir diciendo de alguna forma al mundo que lo somos igual que podemos decir que somos morenos o rubios o altos o bajos. Pues es básicamente por una de las costumbres y manías más homofóbicas que existen y que me temo va a tardar mucho tiempo en ser desterrada, y esa es la presunción de la heterosexualidad.

En efecto, revisaros el lenguaje común. Cualquier conversación, más o menos seria e indiferentemente de quien sea nuestro interlocutor, y observareís que siempre tendemos a sentar por adelantado que nuestro interlocutor es heterosexual. Bien, la razón más clara para defender este argumento es que tendrías aproximadamente 90 posibilidades sobre 100 de acertar y estar hablando con una persona heterosexual. Correcto.

Sin embargo, ¿has pensado lo que supone para un gay tener que interrumpirte y decirte 'oye perdona, soy gay, no hetero' o 'no tengo novia, sino novio'? Para muchos gays a lo mejor no supone nada. Otros muchos a lo mejor no sienten siquiera la necesidad de corregirte. Pero para muchos otros - entre ellos quien esto escribe - supone entrar de nuevo en la disyuntiva de tener que visibilizarse de una forma muy artificial, supone que renazca el miedo a un eventual rechazo, supone tener que cuestionarse que si se calla lo único que estará haciendo es negarse a si mismo, algo que es tan suyo como su pelo o su piel.

Y como he dicho tantas y tantas ocasiones, no conviene quedarse en la superficie con este tema. Si, claro que en un momento dado todos hemos hecho esto, y claro que al final no nos cuesta nada callarnos simplemente por no generar una situación incómoda con nuestro interlocutor. Pero ahora imaginemos que esta situacion comienza a ser recurrente. Muy recurrente, de hecho. Imaginemos a un gay que por "no incomodar" a quienes le hacen presunción de heterosexualidad tiene que callarse continuamente. ¿En serio necesito enumerar la cantidad de problemas a los que puede enfrentarse en el día de mañana?

Por supuesto, ya no es solo los problemas de homofobia interiorizada que puede generar, sino que seguimos presentando la homosexualidad propia como algo malo, negativo y vergonzoso, algo a ocultar. Más bien, es la propia reacción que tiene aquel interlocutor al que en ese momento no corregiste en tu conversación: que no os extrañe, por ejemplo, reacciones de indignación con argumentos del tipo "¿porque no me lo dijiste?". Y si, así llegamos a la situación de que no solo esta persona acaba siendo la víctima, sino que el pobre gay armarizado es al final un embustero. Hasta este punto llega la presunción de heterosexualidad, y así de dañina puede llegar a ser.

Para corregir esta situación hay que trabajar en los dos sentidos, como siempre. Por un lado, los heterosexuales deben empezar a acostumbrarse a vivir con la idea de que no todo el mundo es como ellos, que la diversidad afectivo-sexual y de género es cada vez más grande y cubre cada vez mayor espectro. Por tanto, hablar con conceptos muchisimo más genericos o neutrales quizás sería una solución. A veces algo tan simple como cambiar la palabra "novia" por "pareja" en una charla puede evitarle a nuestro interlocutor un mal rato.
Por otro lado, los gays tenemos que quitarnos el miedo a decir las cosas de una vez. Que el visibilizarse como gay sea una opción real; esto es, que el que quiera callarselo sea porque simplemente le da la real gana, no por miedo o por aprensión a generar una situación incómoda o por temor a la reacción del interlocutor. 

La inmensa mayoría de los gays no son activistas, ni tienen porqué serlo. Pero si es cierto que, nos sintamos o no parte de un colectivo, comunidad o lo que queramos definirlo, por el mero hecho de serlo ya tenemos un lazo común con otras personas que sienten y aman igual que nosotros, y todos tenemos una responsabilidad colectiva con los otros, y es luchar, cada uno desde sus posibilidades y ganas, contra aquello que nos impide ser como de verdad queremos ser. Y el pequeño acto cotidiano de interrumpir a alguien que nos hace una presunción de heterosexualidad y corregirle con un "no, perdona, soy gay" es en si un acto de lucha y de rebeldía. Y si no lo quieres decir no lo digas, que nadie te obliga. Pero no dejes de decirlo por miedo.