Hola a todxs!!
Perdonad, ya se que estabáis sufriendo porque os he dejado nada menos que dos semanas sin entradas. ¡Que dos semanas más felices han sido! ¿Verdad?
Pero no, lo siento. Toda felicidad viene a tocar a su fin, y quiero rayaros (un poco más) la cabeza con un tema que surgía en un grupo de Whatsapp que tengo con mis amiguetes de juegos de mesa, donde todos, hasta donde puedo imaginar, somos gays.
La cosa es que hablando así de forma ligera, uno de los participantes decía que él no se siente para nada parte de la llamada "comunidad" gay. Bien, es una opinión. No voy a debatir aquí sobre la existencia o no de esa "comunidad" gay, con la que dicho de paso tampoco siento una conexión tan fuerte, pese a estar en el activismo.
Por donde quiero orientar esta entrada hoy es más bien sobre la propia identidad del gay. Pero antes de meterme en harina, quiero hacer una precisión de porque vuelvo a referirme solo a gays. Bueno, es muy sencillo: porque es de lo que puedo hablar con conocimiento de causa. Me parece bastante absurdo ponerme a tratar de meterme en la piel de una lesbiana, de una persona bisexual o de una persona transexual, simplemente porque no me siento parte de ninguna de esas tres etiquetas. Si queréis saberlo, quizás deberíais preguntarles a ellxs y no esperar que cometa la arrogancia de erigirme como portavoz de todxs las personas LGTBI, ¿no?
Bien, una vez precisado esto, vamos a la harina. O sea, a afirmaros a todxs, sobre todo a lxs heteros que leáis esto, porque opino que más allá de sentirnos parte de algún tipo de comunidad, creo que los gays tenemos la necesidad de identificarnos así. De generar, digamoslo, esta identidad gay.
Una de las críticas más frecuentes, y aunque parezca mentira, de las más dolorosas, que se puede hacer contra un gay es decirle aquello de "¿Porque tienes la necesidad de irle diciendo a todo el mundo que eres gay?". O sea, porque los gays tenemos que ir diciendo de alguna forma al mundo que lo somos igual que podemos decir que somos morenos o rubios o altos o bajos. Pues es básicamente por una de las costumbres y manías más homofóbicas que existen y que me temo va a tardar mucho tiempo en ser desterrada, y esa es la presunción de la heterosexualidad.
En efecto, revisaros el lenguaje común. Cualquier conversación, más o menos seria e indiferentemente de quien sea nuestro interlocutor, y observareís que siempre tendemos a sentar por adelantado que nuestro interlocutor es heterosexual. Bien, la razón más clara para defender este argumento es que tendrías aproximadamente 90 posibilidades sobre 100 de acertar y estar hablando con una persona heterosexual. Correcto.
Sin embargo, ¿has pensado lo que supone para un gay tener que interrumpirte y decirte 'oye perdona, soy gay, no hetero' o 'no tengo novia, sino novio'? Para muchos gays a lo mejor no supone nada. Otros muchos a lo mejor no sienten siquiera la necesidad de corregirte. Pero para muchos otros - entre ellos quien esto escribe - supone entrar de nuevo en la disyuntiva de tener que visibilizarse de una forma muy artificial, supone que renazca el miedo a un eventual rechazo, supone tener que cuestionarse que si se calla lo único que estará haciendo es negarse a si mismo, algo que es tan suyo como su pelo o su piel.
Y como he dicho tantas y tantas ocasiones, no conviene quedarse en la superficie con este tema. Si, claro que en un momento dado todos hemos hecho esto, y claro que al final no nos cuesta nada callarnos simplemente por no generar una situación incómoda con nuestro interlocutor. Pero ahora imaginemos que esta situacion comienza a ser recurrente. Muy recurrente, de hecho. Imaginemos a un gay que por "no incomodar" a quienes le hacen presunción de heterosexualidad tiene que callarse continuamente. ¿En serio necesito enumerar la cantidad de problemas a los que puede enfrentarse en el día de mañana?
Por supuesto, ya no es solo los problemas de homofobia interiorizada que puede generar, sino que seguimos presentando la homosexualidad propia como algo malo, negativo y vergonzoso, algo a ocultar. Más bien, es la propia reacción que tiene aquel interlocutor al que en ese momento no corregiste en tu conversación: que no os extrañe, por ejemplo, reacciones de indignación con argumentos del tipo "¿porque no me lo dijiste?". Y si, así llegamos a la situación de que no solo esta persona acaba siendo la víctima, sino que el pobre gay armarizado es al final un embustero. Hasta este punto llega la presunción de heterosexualidad, y así de dañina puede llegar a ser.
Para corregir esta situación hay que trabajar en los dos sentidos, como siempre. Por un lado, los heterosexuales deben empezar a acostumbrarse a vivir con la idea de que no todo el mundo es como ellos, que la diversidad afectivo-sexual y de género es cada vez más grande y cubre cada vez mayor espectro. Por tanto, hablar con conceptos muchisimo más genericos o neutrales quizás sería una solución. A veces algo tan simple como cambiar la palabra "novia" por "pareja" en una charla puede evitarle a nuestro interlocutor un mal rato.
Por otro lado, los gays tenemos que quitarnos el miedo a decir las cosas de una vez. Que el visibilizarse como gay sea una opción real; esto es, que el que quiera callarselo sea porque simplemente le da la real gana, no por miedo o por aprensión a generar una situación incómoda o por temor a la reacción del interlocutor.
La inmensa mayoría de los gays no son activistas, ni tienen porqué serlo. Pero si es cierto que, nos sintamos o no parte de un colectivo, comunidad o lo que queramos definirlo, por el mero hecho de serlo ya tenemos un lazo común con otras personas que sienten y aman igual que nosotros, y todos tenemos una responsabilidad colectiva con los otros, y es luchar, cada uno desde sus posibilidades y ganas, contra aquello que nos impide ser como de verdad queremos ser. Y el pequeño acto cotidiano de interrumpir a alguien que nos hace una presunción de heterosexualidad y corregirle con un "no, perdona, soy gay" es en si un acto de lucha y de rebeldía. Y si no lo quieres decir no lo digas, que nadie te obliga. Pero no dejes de decirlo por miedo.
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