jueves, 19 de abril de 2018

La "heterocuriosidad", una nueva masculinidad tóxica. Del ejemplo a la teoría.

Voy a hacer un pequeño alto en mi recap del ESC 2018 para hablar de un tema que cada vez me preocupa más, y que sinceramente a todxs lxs lectorxs no cisheteros de este blog debería de inducir a una pequeñita reflexión.

Estoy hablando una vez más de la heterocuriosidad. Ya en su día abordé este tema en una entrada un tanto caústica. Esta vez voy a retomar el asunto desde una perspectiva más reflexiva, aunque mucho me temo que las conclusiones que sacaré no van a ser mucho más halagüeñas que las que saqué en aquel otro artículo.
Al igual que entonces, parto de un caso concreto. Lamentablemente, no puedo poner capturas de pantalla (que las tengo) por proteger la intimidad de personas que nada tienen que ver con esto, así que deberé hacer un relato de la situación un poco más detallado.

La cuestión es que tengo a través de una conocida aplicación de mensajería instantánea un grupo de chat formado por hombres en el que solemos compartir imágenes y vídeos de alto contenido erótico, siempre de hombres. Conviene matizar, llegado este punto, que la única limitación que imponen los administradores del grupo es que no puede participar nadie menor de 18 años - algo muy lógico desde un punto de vista legal - pero no establece ningún tipo de limitación sobre si quienes pueden participar o no pueden ser gays, heterosexuales, bisexuales o incluso si deben ser hombres o mujeres. Otra cosa - también materia de reflexión - es que hasta ahora solo haya hombres cishomo. Pero bueno, sigamos.
La cosa es que uno de los chicos que está en ese chat ayer escribió indignado porque había sido expulsado de un grupo en que quedaban hombres para hacer 'circle jerk'. Para quien no sepa que es esto, consiste en que varios chicos quedan para masturbarse conjuntamente, generalmente viendo películas porno, como una práctica sexual más. Nos pasó un mensaje de este grupo en el que se leía detalladamente que el grupo consistía exclusivamente en personas a las que gustaba esa práctica, sin entrar en si son heterosexuales, homosexuales o en lo que quieran ser.
La cuestión es que al parecer, tan pronto como este chico se visibilizó en el grupo (insisto, era un chat, no una quedada ni nada semejante) como gay, fue fulminantemente expulsado por las quejas de otros usuarios (heterosexuales) del chat, acusando a los usuarios gays de invadir el espacio e "insultar a las mujeres" (sic). La cosa es que tras eso, este chico fue expulsado por el administrador sin mediar explicación.

Lo curioso de la historia no es ya solo el monumental episodio de homofobia que vivió este chico. Por lo contrario, había algunas personas del chat en el que estábamos hablando que parecían justificar la actitud de aquellos machitos con argumentos tales como "es que son heteros, es lógico que no quieran gays" o "es un grupo privado, pueden hacer lo que les de la gana". Si, en efecto, su miajilla de homofobia interiorizada ahí...

Hasta aquí el relato de los hechos, y a partir de aquí mi reflexión:
En la entrada sobre los heterocurisos que tengo enlazada al principio de este artículo puse un ejemplo práctico: un heterosexual me escribe por una aplicación de móvil para tener sexo, y yo decido rechazarle porque no me atraen los hombres heterosexuales. Esta persona monta en cólera diciendo que le estoy discriminando por su orientación sexual (lo de que simplemente no me ponen los heterosexuales no lo debió de entender, pobrecillo). Eso si, los heterosexuales pueden echar a los gays de sus espacios simplemente porque los ocupamos. Aham.

Esta modita de la heterocuriosidad está trayendo efectos muy perniciosos sobre toda la masculinidad. Si, en efecto, esta nueva forma de relaciones sexuales entre hombres que parece ir encaminada a superar la homosexualidad trajera unas formas relacionales libres de prejuicios, en el que como digo las etiquetas Hetero y Homo pasan a carecer de sentido, estaría hablando yo mismo de una reformulación de la masculinidad en positivo, en el que se eliminan formas de opresión y de subordinación y en el que se vacía de sentido el horizonte de injuria que supone que haya homosexuales y heterosexuales. La homosexualidad se vería sublimada en unas formas de relación físicas en las que simplemente el hecho de follar con otro hombre no implica nada más que una filia sexual más. Pero claro, estaba hablando de una utopía.

Más bien esta sucediendo todo lo contrario: estas formas relacionales de heterocuriosidad sirven para profundizar en la estructura de opresión que ejerce la heterosexualidad sobre la homosexualidad. Los heterocuriosos se apropian de las formas relacionales físicas de la homosexualidad dotándolas de un discurso hegemónico. La formulación sería más o menos la siguiente: "Soy tan hetero, tan hetero, que puedo follar con otros hombres sin ser por ello homo". Y oyes, desde un punto de vista semántico, esto es perfectamente posible: que un hombre folle con otro hombre no le convierte en homosexual. De la misma forma que el hecho de que yo - que me identifico como homosexual - follase esporádicamente con una chica no me convertiría en hetero, ni tan siquiera en pan/bisexual. 

El problema por tanto no reside en la formulación, sino en la ideología que subyace bajo esta premisa: la reafirmación de la heterosexualidad incluso en formas relacionales físicas de caracter homosexual ahonda en el carácter profundamente opresor y homofóbico de la masculinidad tradicional, machista y más que obviamente falocentrada. Indirectamente, se sigue identificando la heterosexualidad como lo "correcto", lo "varonil", lo "machuno" o lo "dominante y hegemónico"; y lo homosexual como lo "evitable", lo "despreciable", lo "débil", lo "rarito", lo "sucio". Y esta opresión se exacerba en este comportamiento hasta el punto de que la heterosexualidad se atreve a invadir formas relacionales homosexuales, colonizarlas y asimilarlas como un rasgo más de su caracter para significar una superioridad moral insuperable sobre la homosexualidad, hasta prácticamente negarla: esto es, el heterosexual puede llevar a cabo formas relacionales homosexuales sin  tener que pagar la estigmatización que supone clasificarse como homosexual. O dicho de otra forma: la heterosexualidad no está dispuesta a renunciar a su componente esencialmente homofóbico, llegando para ello incluso a alterar totalmente los significados de la estructura de poder sobre la que se sustenta hasta caer en aparentes contradicciones, contradicciones que se limitan a lo meramente conceptual.

Por ello creo que esta moda de la "heterocuriosidad" por desgracia no supone una nueva forma de formular la heterosexualidad e incluso la masculinidad en unos términos inclusivos y más armoniosos con el feminismo e incluso con otras identidades no normativas. Más bien significa la vuelta de una masculinidad chovinista, profundamente homofóbica y que busca perpetuar mediante las formas de violencia simbólica más salvajes una posición hegemónica, opresiva y abiertamente patriarcal.

Cierro, simplemente para concluir la reflexión, con un tuit de Tigrillo:


1 comentario:

  1. Gracias L. por el texto magnifico.
    Puedes tener curiosidad, y probarlo una dos hasta varias veces, pero desde mi punto de vista estás personicas (casi todos hombres CIS) están intentando esconder una autohomofobia o una autobifobia bastante grande, a mí me gusta pero es que si lo digo dejo de ser hetero y pierdo privilegios.
    Creo que estás personas tarde o temprano y normalmente por un enganche seudoamoroso acaban reconociendo la realidad, pero lleva tiempo.
    Yo me acuerdo que en mis primeras citas con hombres no heteros, me decía a mí mismo, el follar no me hace gay/bi ( no conocía el pam) y mírame ahora activista bi/pansexual

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